París puede ofrecernos decenas de desfiles extraordinarios durante una Paris Fashion Week (PFW) pero siempre hay algunos capaces de provocar esa sensación difícil de explicar: hemos contemplado algo que permanecerá como un acontecimiento importante en el mundo de la moda.
El desfile de Chanel para la temporada Primavera-Verano 2027, bajo la dirección creativa de Matthieu Blazy, es sin dudarlo, uno de esos desfiles que han destacado en esta nueva edición de la Paris Fashion Week de este octubre 2026, que ha finalizado hace unos días.
Este desfile ha sido icónico no porque haya intentado borrar el pasado de la maison, sino precisamente porque hizo algo mucho más inteligente: tomó sus códigos más reconocibles y los dejó respirar.

Y Ahí encontramos una maravillosa lección de Imagen Estratégica: evolucionar no significa dejar de ser tú.
El Grand Palais vuelve a convertirse en escenario de un sueño
Chanel regresó al Grand Palais de París construyendo un universo visual donde enormes aves blancas parecían sobrevolar la pasarela. No era únicamente escenografía. Ya en ediciones anteriores Chanel nos deleitó en este lugar tan icónico de la ciudad luz ¿recuerdan mi artículo? : Chanel en la Paris Fashion Week marzo 2025: Un viaje entre la Elegancia Atemporal y la Modernidad Audaz
Las aves hablaban de movimiento, ligereza y libertad, conceptos que también recorrían la colección y que conectan inevitablemente con Coco Chanel , una mujer que revolucionó la manera de vestir precisamente liberando el cuerpo femenino de muchas de las imposiciones de su época.

Blazy parece haber comprendido perfectamente esa esencia.
Los códigos Chanel, pero sin nostalgia
El gran mérito de la colección estuvo en reconocer inmediatamente a Chanel sin sentir que estábamos observando una reproducción del pasado.

Aparecieron referencias a la corsetería, el vestuario masculino, el jersey, el tailoring y, naturalmente, el traje Chanel, pero reinterpretados desde una mirada contemporánea.

El tweed perdió rigidez, los tejidos adquirieron movimiento y las siluetas parecían respirar. Plumas, transparencias, volantes y materiales fluidos aportaron una delicadeza que nunca llegó a convertirse en fragilidad.

Y esto me parece especialmente interesante: Blazy no destruye los códigos para modernizarlos, los transforma.
El nuevo lujo no necesita gritar
Durante años hemos asociado el lujo con prendas inmediatamente reconocibles, logotipos y elementos capaces de identificar una firma a varios metros de distancia.
Chanel propone aquí algo diferente. La verdadera sofisticación aparece en la construcción, los materiales, las proporciones y el movimiento de una prenda.
Es una idea absolutamente vinculada con aquello que siempre defiendo desde la Imagen Estratégica: no necesitamos llevar todo aquello que está de moda para demostrar que conocemos las tendencias.
Una imagen poderosa selecciona, edita, y sobre todo, comunica.

¿Qué podemos llevar de esta pasarela a nuestro armario?
No necesitamos vestir literalmente como una modelo de Chanel para incorporar el mensaje de la colección. Podemos comenzar buscando chaquetas menos estructuradas, tejidos con movimiento, transparencias utilizadas estratégicamente, prendas masculinas combinadas con elementos delicados o texturas que aporten riqueza sin sobrecargar el conjunto.
¡Y atención al tweed! Lejos de desaparecer, vuelve transformado: más ligero, flexible y alejado de aquella imagen excesivamente clásica con la que algunas mujeres todavía lo relacionan. La clave está precisamente en descontextualizarlo. Matthieu Blazy entiende algo esencial. Hay una frase que este desfile parece repetir silenciosamente: la elegancia también necesita libertad.
La mujer que propone Chanel para la temporada de Primavera-Verano 2027 no parece disfrazada de Chanel, parece simplemente ella. Y quizás ahí se encuentre el verdadero triunfo de Blazy: demostrar que una casa con más de un siglo de historia puede avanzar sin renunciar a su identidad.
Porque construir una Imagen Estratégica tampoco consiste en convertirnos continuamente en alguien diferente. Consiste en conocernos tan bien que podamos evolucionar sin dejar de reconocernos. Y Chanel acaba de darnos una extraordinaria lección de cómo hacerlo.


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